PUEBLO DE REALENGO

El primer documento que conocemos en que Guriezo aparece con la denominación de Real Valle, es una escritura del año 1788. Pero tenemos constancia documental de que el Valle de Guriezo fue siempre tierra realenga. Entre las prerrogativas que el realengo confería a los pueblos estaba, como declaran los guriezanos en el año 1351, la de “tener alcaldes hijodalgo, aquellos que la tierra escoge, y montaneros que guardan sus montes, y que merinase entre ellos el Merino Mayor de Castilla”.

Desde tiempo dela Reconquistase entendía por realengo lo que era de dominio del rey o de su patrimonio. Esta dualidad es bien clara en el caso del Valle de Guriezo, en que, jurídicamente solo dependería del rey, y que este era dueño de las tierras “valdias y realengas” que los guriezanos compraron al rey Felipe V en el año 1740 por once mil reales de vellón.

Existen numerosos documentos que recogen los pleitos entre Guriezo y los pueblos limítrofes, en los que subyace la firme decisión de los guriezanos de mantener su libertad, su autonomía y su independencia frente a cualquier dominio o poder que no fuera del rey o de su representante legitimo. Esta actitud colectiva recuerda las raíces cantabras de las que arranca la historia de los pobladores de Guriezo.

En un pleito sobre jurisdicción entre Castro Urdiales y Guriezo, sustanciado antela Real Chancilleriade Valladolid en 1489, los guriezanos alegaban que desde tiempo inmemorial tenian fueros, usos y constumbres, diversos y apartados de los demás concejos y para ellos solos; que estaban en posesión de la jurisdicción civil y criminal, teniendo cárcel pública, cepos, cadenas y horca, y que dichas señales de jurisdicción estaban en lugares públicos y manifiestos; que siempre habían tenido alcaldes propios, quienes hacían sus audiencias públicas en que oían y libraban todos los pleitos, asi civiles como criminales, habiendo dado, cumplido y ejecutado, muchas sentencias de muerte por delitos y crímenes acaecidos en el valle.

Los alcaldes nombrados por el rey para varios lugares, hasta que no eran recibidos por las autoridades de Guriezo, cosas que hacían en el puente de la Gándara, no usaban de dicho oficio en el valle, y una vez recibidos, juraban poner en un merino chico, vecino del valle, que sirviera el oficio de merindad. La resistencia de los guriezanos a que este merino chico no fuera impuesto sino elegido por ellos les ocasiono unas gravísimas penas impuestas por los Reyes Católicos, entre las que estaba incautación de bienes, el destierro y el clavarles la mano derecha en la picota de Valladolid a varios vecinos de Guriezo que habían protagonizado la revuelta.

 

 

Mª Pilar Llama Zubieta

Historiadora


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